Antes de esta aurora,
cansada, cerraré los ojos,
para que él siga viviendo…
para no… ¡para no volver a verlo!
Sentimientos inexplicables recorrieron mi cuerpo cuando escuché este fragmento de la ópera Turandot, tan emocionada me sentí que no podía dejar de comentarles sobre esta experiencia.
Jueves 9 de Octubre de 2008 – 21:30hs: comienza a desarrollarse esta historia atrapante, los cantantes líricos con dotes actorales se presentan uno por uno; a través de los colores que le imprimen a sus voces se puede entender el perfil de cada personaje. La interpretación de cada aria es tan perfecta que los que estamos en las butacas somos atravesados por sentimientos muy fuertes que nos hacen vibrar al compás de los ritmos.
El coro que se escucha en cada fragmento de la ópera es impecable; la potencia de sus voces y la fuerza de sus interpretaciones nos hacen levitar de las sillas en los instantes más dramáticos y emocionantes de la obra. Cada palabra cantada se pronuncia con similar entonación a la palabra hablada, esto nos permite introducirnos en la historia que nos cantan y compenetrarnos hasta con los más secundarios personajes.
Todo se va desarrollando allí. La sinfónica lee la partitura al ritmo en que los cantantes actúan. Los músicos le dan vida a las notas del pentagrama a través de los más variados y exquisitos instrumentos. Los bailarines acompañan la melodía con movimientos sincronizados. La audiencia silenciosa disfruta de cada acto en el anonimato de la oscuridad. Todos juntos se brindan por completo para ser atrapados por el impecable guión, letra y música.
Transmitirles la realidad de la ópera es tan difícil, que creo que cada uno debería experimentarla y hasta vivirla de diferente modo. Para mi fue mucho más de lo que esperaba sentir en un espectáculo. Fue grande, fue movilizante y fue real.




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